Reimaginar la cooperación regional en América Latina y el Caribe: un enfoque flexible, pragmático y eficaz

Una nueva generación de iniciativas regionales está impulsando la cooperación entre los países de América Latina y el Caribe para transformar desafíos comunes en oportunidades de desarrollo y resultados concretos.
Anabel Gonzalez | Vicepresidenta de Países e Integración Regional, Banco Interamericano de Desarrollo
La apuesta de los países de América Latina y el Caribe por avanzar en la integración económica regional viene de lejos y responde al objetivo de ganar escala, sumar recursos y fomentar el comercio y la inversión. Estos esfuerzos generaron algunos avances notables. Sin embargo, con el tiempo fueron perdiendo impulso debido a marcos institucionales rígidos, mandatos demasiado amplios y desajustes entre países, que dificultaron su implementación y diluyeron su impacto.
La cooperación regional está entrando en una nueva fase. En una economía global más fragmentada, marcada por crecientes desafíos comerciales, tecnológicos y de resiliencia, los países de América Latina y el Caribe están adoptando enfoques de cooperación más pragmáticos, flexibles y orientados a resultados, con el apoyo del BID.
Estos nuevos enfoques incorporan lecciones del pasado, pero se centran principalmente en generar beneficios concretos y cuantificables para los países participantes, al tiempo que contribuyen a responder a desafíos globales y a fortalecer la voz colectiva de América Latina y el Caribe en el escenario internacional.
Una nueva visión de la colaboración regional, en sintonía con los desafíos actuales
Los intentos por estrechar lazos de colaboración en los ámbitos económico, político o social, entre otros muchos, han sido una constante en América Latina y el Caribe. Desde luego, han generado logros importantes: desde proyectos de infraestructura que reducen las distancias hasta iniciativas regulatorias que amplían los mercados; desde la interconexión eléctrica destinada a reforzar la seguridad energética hasta los esfuerzos compartidos de erradicación de enfermedades.
Sin embargo, junto a estos avances también se terminó instalando cierta fatiga de la integración, alimentada por expectativas a veces incumplidas y por diversas dificultades de implementación, a pesar de que numerosos desafíos comunes superaban las posibilidades de respuesta de cualquier país tomado por separado. ¿Qué es lo que está cambiando ahora?
En un contexto global más complejo e incierto, caracterizado por un crecimiento bajo y mayores restricciones fiscales y estructurales, los países de la región están replanteando la cooperación enfocándose más claramente en la implementación y los resultados. La integración empieza a concebirse como una herramienta para resolver problemas y generar oportunidades de manera conjunta.
Cuatro plataformas regionales, un enfoque pragmático
El Banco Interamericano de Desarrollo trabaja con los países de la región para promover modelos de cooperación más específicos. Basados en la proximidad geográfica y articulados en torno a objetivos compartidos, estos esfuerzos aspiran a impulsar la colaboración en prioridades estratégicas, generar resultados cuantificables y fomentar la participación activa de múltiples actores.
En este mismo espíritu, han tomado forma cuatro programas emblemáticos impulsados por los propios países y apoyados por el BID: Amazonia Forever, América en el Centro, ONE Caribbean y Conexión Sur. Todos ellos comparten rasgos propios de una nueva forma de organizar la cooperación regional.
Estos programas están estructurados como marcos de acción conjunta, cuentan con el mandato de los gobiernos y el BID los desarrolla bajo su orientación. No se proponen reunir a toda la región bajo un mismo paraguas institucional, pero tampoco son una mera colección de proyectos nacionales aislados. Más bien funcionan como plataformas específicas que catalizan financiación, movilizan inversiones, fortalecen la asistencia técnica y desarrollan conocimiento en apoyo de sus objetivos.
Los lazos de cooperación que se tejen en el marco de estos programas son de naturaleza funcional. Cada iniciativa traduce desafíos regionales compartidos en un conjunto delimitado de prioridades y pilares operacionales, que reflejan las demandas de los países, las necesidades de desarrollo territorial y las brechas de integración. Así, por ejemplo, basándose en la premisa de la importancia fundamental de la conectividad regional para la competitividad y el crecimiento de América del Sur, Conexión Sur ha fijado como prioridades la infraestructura física y digital, la logística y la facilitación del comercio, y la alineación de las regulaciones nacionales.
Conexión Sur
América en el Centro, por su parte, pone el foco en mejorar la productividad y la integración comercial, en fortalecer la resiliencia y en ofrecer más y mejores oportunidades a la juventud con miras a construir una Centroamérica más integrada y productiva.
América en el Centro
Todos los países del ámbito geográfico de cada iniciativa pueden sumarse a ella. Amazonía Siempre, por ejemplo, está abierta a los países de la región amazónica interesados en crear oportunidades económicas, así como en promover la resiliencia y la sostenibilidad, pero la participación en proyectos específicos se rige por el interés de los países: un proyecto relativo a un paso fronterizo, por ejemplo, estará, lógicamente, limitado a los Estados vecinos.
Aunque operan en el marco del BID, los programas regionales movilizan la acción colectiva de distintos sectores, con especial énfasis en el sector privado. Así, por ejemplo, ONE Caribbean cuenta con un mecanismo de coordinación que ayuda a preparar y llevar al mercado proyectos viables del sector privado. Por otro lado, la colaboración con instituciones regionales o multilaterales refuerza su implementación. Para impulsar inversiones clave en energías renovables, ONE Caribbean ha reunido a organismos regionales, empresas del sector eléctrico y ministerios para elaborar una hoja de ruta destinada a armonizar las normas energéticas.
One Caribbean
Por último, cada iniciativa está explícitamente orientada a resultados, con objetivos claramente definidos e indicadores cuantificables que permiten a los países y a sus asociados llevar a cabo el seguimiento de los avances y ajustar el rumbo cuando es necesario. Por ejemplo, en el marco de América en el Centro, un proyecto de 130 millones de dólares destinado a agilizar los trámites fronterizos para operadores certificados, reforzar la trazabilidad digital de la carga y ampliar los servicios logísticos a lo largo del Corredor del Pacífico transformará la principal ruta de carga de Centroamérica en un sistema logístico plenamente integrado y competitivo y generará ganancias económicas anuales de hasta 700 millones de dólares.
El BID: financiador y catalizador de la acción regional
Amazonía Siempre, América en el Centro, ONE Caribbean y Conexión Sur son iniciativas impulsadas por los gobiernos en torno a objetivos y prioridades compartidos. Su éxito depende esencialmente del sentimiento de implicación que se genere a nivel nacional, inclusive entre otros actores. También es clave el papel del BID a la hora de ayudar a los países a articular sus aspiraciones, identificar áreas de convergencia, lograr una implementación eficaz y garantizar la sostenibilidad a lo largo del tiempo.
El BID desarrolló cada una de estas cuatro plataformas regionales con vistas a impulsar acciones de corto plazo en el marco de una visión de desarrollo de largo plazo. A tal fin, despliega equipos que coordinan y supervisan cada iniciativa, y congrega a gobiernos y otros actores, entre ellos ciudades, bancos de desarrollo y empresas privadas, para facilitar acuerdos, construir alianzas y maximizar el impacto. Ejerce, a su vez, una función de centro de conocimiento, aportando análisis basados en evidencia y colaborando con asociados regionales y multilaterales para orientar el diálogo sobre políticas y el diseño de proyectos.
Por otro lado, el BID también desempeña un papel catalizador en el marco de las iniciativas regionales, ya que estructura carteras de proyectos, armoniza incentivos y moviliza financiación a gran escala. A través de sus instrumentos financieros y de su capacidad de convocatoria, el Banco estructura proyectos financiables, canaliza capital de manera estratégica y mitiga riesgos para atraer recursos privados y concesionales, en coordinación con BID Invest y BID Lab, las entidades del Grupo orientadas al sector privado. Al sustentar los proyectos en bases técnicas sólidas y en prioridades regionales, el Banco contribuye a transformar compromisos compartidos en resultados escalables, replicables y de impacto duradero en distintos países.
Una cooperación regional más estrecha para ampliar la voz y el impacto global
El BID vela por que estas iniciativas regionales se alineen con las normas internacionales y las mejores prácticas globales, apoyándose en alianzas con instituciones como el Banco Mundial, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y otras organizaciones multilaterales y regionales, con el objetivo de conectar a los países de América Latina y el Caribe con el conocimiento, la innovación y los mercados globales.
Ahora bien, el valor de este proceso de renovación de la cooperación regional va más allá del mero alineamiento. Cuando actúan de manera conjunta, los países de la región pueden reforzar su voz ante los foros globales, contribuir a configurar las agendas internacionales en ámbitos como la resiliencia climática, la biodiversidad, la facilitación del comercio o la seguridad alimentaria, y participar con mayor eficacia en iniciativas globales. En este sentido, la cooperación regional pragmática se convierte no solo en un instrumento al servicio del crecimiento y el desarrollo, sino también en una plataforma de acción global y de posicionamiento estratégico en un mundo cada vez más fragmentado.

