Especial Mes de la Mujer: “No se trata solo de ocupar un lugar, sino de transformarlo” | Dayana Galañena, presidenta del CTMA (Centro de Talleres Mecánicos de Automóviles)

Dayana Galañena, presidenta del CTMA, construyó su camino desde el taller, desafiando barreras en un sector históricamente masculino. Con formación, perseverancia y convicción, impulsa una nueva generación de mujeres que no solo se integran al transporte, sino que contribuyen a transformar la industria desde adentro.
¿Cómo fue tu camino para llegar a ocupar el rol que hoy tienes dentro del sector?
Mi camino comenzó de muy joven, a los 19 años, cuando empecé a trabajar en el taller de mi padre mientras estudiaba Abogacía y Relaciones Internacionales. En ese momento no imaginaba que ese espacio, lleno de herramientas, motores y desafíos diarios, se convertiría en mi verdadera vocación.
Con el paso del tiempo entendí que había algo en el taller que me apasionaba profundamente; el trabajo en equipo, el aprendizaje constante, el vínculo con los clientes y la dinámica de un rubro que no se detiene. Llegué hasta cuarto año en ambas carreras, y esa formación fue -y sigue siendo- una base muy importante. Me dio herramientas, criterio y una mirada más amplia que hoy aplico todos los días en la gestión y en el asesoramiento.
Pero la decisión clave fue animarme a escuchar lo que realmente me hacía feliz. Elegir el taller no fue abandonar un camino, fue construir el mío propio. No fue un recorrido exento de desafíos.
El sector automotriz ha sido históricamente masculino y, cuando empecé, muchas cosas no estaban pensadas para que una mujer formara parte activa del taller. Desde detalles básicos de infraestructura (falta de baños femeninos), hasta la necesidad de demostrar constantemente que sabía de lo que hablaba.
Sin embargo, lejos de desmotivarme, eso me impulsó. Aprendí a formarme más, a estar más preparada y a sostener con firmeza cada decisión. Con el tiempo, entendí que no se trata solo de ocupar un lugar, sino de transformarlo.
Hoy miro hacia atrás y sé que cada paso -los estudios, las dudas, los desafíos- me preparó para asumir responsabilidades mayores dentro del sector. Y si algo me dejó este camino es una convicción clara: no hay espacios que no podamos ocupar cuando hay pasión, preparación y compromiso.
El transporte ha sido históricamente un sector masculinizado. ¿Qué desafíos encontraste como mujer, y cómo los enfrentaste?
Es cierto que el sector ha sido predominantemente masculino. Sin embargo, creo que estamos en un momento de transición, donde cada vez más mujeres se animan a ocupar estos espacios y a abrir camino para otras.
Uno de los mayores desafíos fue, sin duda, lograr que confiaran en mí. A veces no se trata solo de saber, sino que los demás lo reconozcan. En determinados momentos sentí que debía demostrar el doble para que mi palabra tuviera el mismo peso. Pero eso, lejos de desalentarme, me impulsó a prepararme más, a estudiar más y a profesionalizarme constantemente.
Hubo experiencias que marcaron ese proceso. En una oportunidad, cuando quise formarme en un curso técnico en el exterior, no fui aceptada. La respuesta formal fue que no había cupos disponibles, aunque sabía que no era así. Era mujer y provenía de un taller. En ese momento entendí que todavía existían barreras invisibles, pero muy reales.
Lo enfrenté con perseverancia. Si una puerta se cerraba, buscaba otra. Si no había espacios de formación, los generaba o encontraba alternativas. Con el tiempo, el escenario comenzó a cambiar. Hoy es más accesible estudiar, especializarse y participar en ámbitos técnicos sin que te pregunten implícitamente “qué estás haciendo acá”.
En este recorrido aprendí que cada mujer que se sostiene en un lugar donde antes no había otras, no solo crece individualmente: amplía el camino para las que vienen detrás.
¿Qué crees que aportan las mujeres al sector del transporte, y qué cambios ves en los últimos años?
Creo que el aporte de la mujer es fundamental en cualquier ámbito, y el transporte no es la excepción. No se trata de que seamos mejores o peores que los hombres, sino de que aportamos miradas complementarias, otras formas de liderazgo, otra sensibilidad en la gestión y en la toma de decisiones.
En los últimos años percibo un cambio muy positivo. Somos cada vez más las mujeres que estamos ocupando lugares que antes parecían impensados. Ya no somos casos aislados: somos un grupo, un equipo, un movimiento que avanza con preparación y convicción.
Estoy convencida de que las mujeres que se suman al sector lo hacen con un fuerte compromiso con la formación y la especialización. Y eso eleva el nivel de toda la industria.
El cambio más grande que veo es que hoy no estamos pidiendo permiso para participar. Estamos preparadas, presentes y estamos construyendo nuestro lugar con trabajo y profesionalismo.
¿Qué mensaje le darías a otras mujeres que hoy están pensando en desarrollarse profesionalmente dentro del transporte?
Les diría que se animen. Que hay muchísimo espacio para crecer y aportar. El transporte es un sector dinámico, desafiante y en constante evolución. Siempre necesita personas preparadas, comprometidas y con ganas de hacer las cosas bien.
Si les gustan los autos, la mecánica, la gestión, la logística o cualquier área vinculada al transporte, que no duden. Que apuesten a formarse, a especializarse y a ocupar esos espacios. No hay caminos predeterminados ni límites reales cuando hay vocación.
Que vayan por sus sueños. Que elijan lo que les gusta. Y que lo hagan con preparación, convicción y orgullo.
¿Cómo imaginas el transporte en los próximos años, y qué lugar deberían ocupar las mujeres en ese proceso?
Imagino un transporte mucho más tecnológico, profesionalizado y eficiente. Un sector que va a estar profundamente atravesado por la innovación, la digitalización, la movilidad sostenible y nuevas formas de gestión.
En ese proceso, las mujeres no deberían ocupar un lugar secundario ni complementario: deberían estar en los espacios preponderantes, en la toma de decisiones, en la dirección técnica y en la gestión empresarial.
El futuro del transporte no puede construirse con una sola mirada. Necesita diversidad, liderazgo compartido y equipos multidisciplinarios. Y las mujeres estamos preparadas para asumir esos desafíos.
Creo que el gran cambio que viene no es solo tecnológico, sino cultural. Un sector más moderno también debe ser más inclusivo, más abierto y equitativo. Y eso implica que las mujeres participemos activamente en la transformación.
El transporte del futuro va a ser más exigente, pero también más abierto. Y estoy convencida de que las mujeres vamos a tener un rol protagonista en esa construcción.







