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Energías Alternativas

Después del vehículo eléctrico: el nuevo negocio de reutilizar y reciclar baterías - Por Faraday Lab - Facultad de Ingeniería, UDELAR


28.09.2026
Después del vehículo eléctrico: el nuevo negocio de reutilizar y reciclar baterías - Por Faraday Lab - Facultad de Ingeniería, UDELAR

“La segunda vida de las baterías es una oportunidad para Uruguay”

Uruguay lidera la electromovilidad en América Latina, pero cada auto eléctrico que hoy sale de un local de ventas es también una batería que en una década habrá que gestionar. Un estudio del Faraday Lab (Facultad de Ingeniería, UdelaR) proyectó ese flujo hasta 2050 y la conclusión sorprende: no es un problema en puerta, es la próxima oportunidad industrial del país.

Un liderazgo que se mide en baterías

En 2025, los vehículos eléctricos a batería alcanzaron aproximadamente el 27,7% de las ventas de unidades nuevas en Uruguay. Medido por habitante, el país se ubica a la cabeza de América Latina. Para el sector del transporte, este cambio ya es visible en las calles, en las flotas y en la oferta de automóviles, utilitarios, ómnibus y camiones eléctricos.

Pero ese liderazgo tiene una dimensión menos evidente: cada vehículo incorpora una batería que, dentro de algunos años, deberá ser retirada, evaluada y gestionada. Según las estimaciones del Faraday Lab, si se mantiene la trayectoria actual, el parque eléctrico liviano podría acercarse a las 50.000 unidades hacia fines de 2026. Esto representaría cerca de 2 GWh de capacidad instalada y unas 20.000 toneladas de baterías de ion-litio circulando en el país.

Los vehículos que hoy se venden son las baterías que comenzarán a salir de servicio durante la próxima década. Prepararse puede convertir un futuro pasivo ambiental en una oportunidad tecnológica e industrial.

Una batería retirada no es necesariamente un residuo

Una batería suele retirarse del vehículo cuando su capacidad baja a alrededor del 75% de la original. Puede dejar de responder a las exigencias de la movilidad, pero todavía conservar condiciones adecuadas para tareas menos demandantes.

Allí aparece la segunda vida: su reutilización para almacenar energía renovable, reducir picos de consumo, respaldar instalaciones o complementar cargadores de alta potencia. No se trata simplemente de retirarla y conectarla en otro lugar. Se necesitan diagnóstico, desmontaje seguro, clasificación, reacondicionamiento, trazabilidad y certificación.

Para talleres, transportistas, importadores y operadores logísticos, estas tareas anticipan nuevas especialidades y modelos de negocio.

Un recurso energético que crece junto con el parque eléctrico

El estudio proyecta tres escenarios de adopción y estima el flujo de baterías retiradas entre 2025 y 2050. En el escenario moderado, hacia 2030 podrían salir de los vehículos unas 830 toneladas por año. Para 2040, el flujo crecería hasta alrededor de 13.000 toneladas anuales y, hacia 2050, podría superar las 21.000. La aceleración más fuerte ocurriría durante la década de 2030, unos diez años después del actual aumento de las ventas. El desafío no llegará de golpe, pero crecerá con rapidez. A esto se suma una segunda ola: las baterías reutilizadas también deberán ingresar, años más tarde, al circuito de reciclaje.

La oportunidad comienza antes de que exista una gran escala

Los primeros volúmenes serán pequeños para justificar por sí solos una planta de reciclaje de alta complejidad, pero suficientes para comenzar a desarrollar capacidades indispensables.

Entre 2025 y 2035, Uruguay puede avanzar en formación técnica, seguridad, trazabilidad, diagnóstico, transporte, almacenamiento, reparación y reacondicionamiento. También puede impulsar proyectos piloto de segunda vida en redes de carga, edificios e instalaciones productivas.

El Decreto 227/2025 ya estableció obligaciones de gestión, etiquetado, trazabilidad y recepción de baterías fuera de uso, priorizando la reutilización antes del reciclaje. Para el sector, esto significa que el tema pasará a integrar la planificación comercial, logística y técnica.

Segunda vida primero, reciclaje después

El escenario analizado supone que cerca del 70% de las baterías retiradas podría destinarse inicialmente a segunda vida y el 30% restante ir directamente a reciclaje. Hacia 2040, Uruguay podría disponer de aproximadamente 1 GWh anual de capacidad reutilizable, equivalente a unas 9.000 toneladas. Para 2050, ese potencial podría acercarse a 2 GWh por año.

La segunda vida permite aprovechar durante más tiempo un activo costoso, pero no elimina el reciclaje: lo posterga. Hacia 2050, el volumen anual destinado a reciclaje podría superar las 15.000 toneladas.

No todas las baterías presentan el mismo desafío

La viabilidad económica depende también de la composición química. Las baterías NMC contienen níquel y cobalto, materiales con mayor valor de recuperación. Las LFP, cada vez más utilizadas por su seguridad, durabilidad y menor costo, contienen menos metales de alto valor. Por eso, el reciclaje no podrá depender solo de la venta de materiales recuperados. Serán claves la escala, la eficiencia, la trazabilidad y la responsabilidad de fabricantes e importadores. Conocer qué batería equipa cada vehículo, su historial y su condición al retirarse será decisivo para definir si corresponde reparar, reutilizar o reciclar.

Una posible cadena de valor nacional, con escala regional

Uruguay no necesita arrancar con una gran planta de recuperación de materiales. Hay una secuencia previa donde pueden crecer empresas y servicios locales: certificación del estado de salud, desmontaje, clasificación de módulos, integración de sistemas estacionarios, logística especializada y pretratamiento, incluyendo materiales intermedios como la black mass.

La clave del salto es regional. El mercado uruguayo, por sí solo, difícilmente sostenga una planta de reciclaje de alta complejidad; sumando flujos de Brasil y Argentina, la escala cierra. Y el país tiene una carta que ninguno de sus vecinos iguala: una matriz eléctrica 97% renovable, que permite ofrecer materiales recuperados con huella de carbono mínima, un atributo que los mercados internacionales pagan cada vez más. Uruguay puede posicionarse como nodo regional de la economía circular de baterías: recibir, procesar y exportar valor.

Anticiparse para capturar valor

La gestión de baterías no es solo una política de residuos. Es también una política energética, industrial, tecnológica y de seguridad. El país todavía está a tiempo de construir capacidades antes de que los volúmenes sean masivos. La oportunidad consiste en formar técnicos, desarrollar empresas y validar soluciones mientras el flujo sigue siendo manejable. Las baterías ya están rodando por las rutas del país. Lo que Uruguay decida en los próximos años determinará si, al final de su primera vida, se convierten en un costo o en la materia prima de una nueva actividad con alcance regional.

El Faraday Lab es un Laboratorio de Baterías y Electromovilidad de la Facultad de Ingeniería (UdelaR). El informe completo "Parque de Vehículos Eléctricos y Disponibilidad Futura de Baterías para Segunda Vida y Reciclaje en Uruguay (2025–2050)", fue publicado en marzo de 2026.

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