CUTCSA alcanza un hito histórico: el 25% de su flota ya es eléctrica. Entrevista con Juan Pablo Salgado, presidente de CUTCSA

Con la incorporación de las últimas unidades eléctricas, CUTCSA completó la primera etapa de su plan de transición energética, alcanzando un 25% de su flota impulsada por esta tecnología. La empresa cuenta actualmente con 281 ómnibus eléctricos en circulación y ya trabaja en la siguiente meta: llegar al 50% de la flota electrificada para 2030.
En diálogo con nuestro medio, el presidente de CUTCSA, Juan Pablo Salgado, analiza los desafíos técnicos, operativos y humanos que implica esta transformación, el aprendizaje que ha dejado el proceso y la visión de futuro de la compañía.
Asumiste la presidencia de CUTCSA en un momento histórico para la empresa, marcado por la transformación energética. ¿Qué significa para vos liderar este proceso?
Me toca asumir en un momento muy especial, para una empresa que está próxima a cumplir 90 años de historia. Sin dudas, el cambio de matriz energética es uno de los procesos más importantes que ha vivido CUTCSA por todo lo que implica y por los desafíos que representa. Si bien asumí la presidencia cuando esta primera etapa estaba prácticamente culminando, participé desde el inicio del proyecto, por lo que conozco de primera mano todo el trabajo que hubo detrás. Ahora completamos el primer gran paso con el 25% de la flota eléctrica, pero el verdadero desafío recién comienza.
¿Qué representa para CUTCSA haber alcanzado las 281 unidades eléctricas en servicio?
Es un logro muy importante. Hoy contamos con 281 ómnibus eléctricos, luego de haber iniciado este camino con las primeras unidades incorporadas entre 2016 y 2020. Haber alcanzado este volumen nos permite consolidar una experiencia que muy pocas empresas tienen a nivel mundial y posicionarnos como un referente en materia de electromovilidad aplicada al transporte urbano.
¿Qué aprendizajes les dejó este proceso?
Muchísimos. Seguimos aprendiendo todos los días porque prácticamente no existen experiencias de flotas eléctricas de este tamaño con varios años de funcionamiento. Uno puede planificar infraestructura, talleres, capacitación y personal, pero después aparecen situaciones nuevas que solo se descubren con la operación diaria.
Uno de los aspectos más importantes fue la gestión de la carga nocturna de los vehículos y la formación de los conductores. Manejar un ómnibus eléctrico requiere técnicas completamente diferentes a las de un vehículo diésel. Hoy hemos comprobado que entre un conductor correctamente capacitado y otro que aún está en proceso de aprendizaje puede existir una diferencia de consumo superior al 30%.
En un vehículo diésel eso podía traducirse únicamente en un mayor gasto de combustible. En un eléctrico puede significar que una unidad no complete su recorrido. Por eso invertimos mucho en capacitación, simuladores de conducción y acompañamiento permanente.
Incluso mencionaban que están estudiando factores que antes no se tenían en cuenta.
Exactamente. Hoy estamos analizando científicamente cómo influye el viento en la autonomía de los ómnibus, especialmente en los servicios suburbanos. Es un fenómeno que no estaba suficientemente documentado y que ahora estamos investigando porque observamos diferencias en el consumo energético. Es parte del aprendizaje permanente que exige esta nueva tecnología.
¿Los resultados operativos estuvieron a la altura de las expectativas?
Absolutamente. Tanto en el servicio urbano como en el suburbano los resultados fueron excelentes. Antes de tomar la decisión definitiva realizamos pruebas durante más de un año en todos los recorridos de la empresa porque sabíamos que no había margen para equivocarse.
Hoy tenemos ómnibus eléctricos circulando en absolutamente todas las líneas y barrios donde opera CUTCSA, y las autonomías cumplen perfectamente con las exigencias del servicio.
Además, la respuesta de los pasajeros ha sido muy positiva. Cada vez escuchamos más comentarios de personas que prefieren esperar un ómnibus eléctrico por el confort, el menor ruido y la calidad del viaje.
El próximo objetivo es alcanzar el 50% de la flota eléctrica en 2030. ¿Cómo se prepara la empresa?
Tenemos un plan estratégico que proyecta la renovación total de la flota hacia 2040, avanzando en etapas del 25% cada cinco años. Ya estamos trabajando en la renovación prevista para 2030, aunque entendemos que en este tipo de tecnologías no conviene apresurarse.
Los avances tecnológicos son muy rápidos. Basta comparar los vehículos que llegaron en 2020 con los actuales: las mejoras en autonomía, baterías y garantías son enormes. Por eso creemos que lo más inteligente es consolidar la experiencia adquirida, observar la evolución tecnológica y tomar decisiones en el momento adecuado.
También existe un importante desafío económico...
La inversión realizada en esta primera etapa ronda los 100 millones de dólares. Por eso trabajamos continuamente en mecanismos financieros que permitan sostener este ritmo de renovación. Al mismo tiempo mantenemos un diálogo permanente con los fabricantes para conocer las tecnologías que vienen y planificar las futuras incorporaciones.
¿Qué papel cumple UTE dentro de esta planificación?
Es un socio estratégico, nosotros ya compartimos con UTE nuestro plan de renovación hasta 2040 para que puedan proyectar las obras eléctricas necesarias. La experiencia de trabajo conjunto ha sido excelente. Los plazos se han cumplido y el nivel técnico ha sido realmente muy bueno. La transición energética no depende solamente de comprar vehículos; requiere una infraestructura eléctrica que debe crecer al mismo ritmo.
¿Este proceso posicionó a CUTCSA como referencia internacional?
Sin dudas, hoy recibimos permanentemente delegaciones de empresas y organismos de distintos países que vienen a conocer nuestra experiencia. Incluso muchas veces son las propias fábricas las que los derivan hacia Uruguay.
CUTCSA tiene una característica muy particular: administra integralmente la compra de las unidades, el mantenimiento, la operación y toda la logística. Esa visión completa resulta muy valiosa para quienes están comenzando procesos similares.
Nosotros también recorrimos ese camino hace algunos años visitando experiencias en Chile, Colombia y otros países. Hoy sentimos la responsabilidad de compartir lo aprendido con quienes están iniciando esta transformación.
Paralelamente, el transporte público continúa enfrentando la caída en la cantidad de pasajeros. ¿Cómo convive esa realidad con inversiones de esta magnitud?
Es uno de los grandes desafíos del sector. Como empresa tenemos la obligación de seguir ofreciendo el mejor servicio posible. Hoy contamos con la flota más moderna de nuestra historia, con una antigüedad promedio cercana a siete años, un alto porcentaje de unidades con aire acondicionado, Wi-Fi, puertos USB y sistemas de seguridad.
Sin embargo, hay factores que exceden a las empresas. La pérdida de pasajeros está muy vinculada al aumento de los tiempos de viaje. Cuando los recorridos son más lentos, muchas personas optan por el vehículo particular, lo que genera más congestión y vuelve a enlentecer el transporte público. Es un círculo vicioso que solo puede romperse otorgándole mayor prioridad al transporte colectivo.
¿Cómo es hoy el diálogo con las autoridades?
El diálogo es permanente y muy bueno tanto con la Intendencia como con el Ministerio de Transporte y la nueva Agencia Metropolitana de Transporte. Ahora esperamos comenzar instancias más específicas donde podamos aportar nuestra experiencia y trabajar conjuntamente en las reformas que necesita el sistema.
Más allá del presente tecnológico, ¿qué representa CUTCSA para ti?
Para mí CUTCSA es un proyecto de vida. Soy tercera generación de una familia vinculada a la empresa. Mi abuelo llegó desde España y desarrolló aquí toda su vida; después continuó mi padre y ahora me toca asumir esta responsabilidad.
Siempre digo que CUTCSA no es solamente un lugar de trabajo. Es una familia. Crecí rodeado de la empresa, de sus trabajadores y de sus historias. Hoy mi mayor compromiso es cuidar ese legado y seguir fortaleciendo una organización que combina profesionalización, innovación y un profundo respeto por sus raíces.
¿Cuál es el principal objetivo que te planteas como presidente?
Más que una impronta personal, mi objetivo es seguir trabajando para que CUTCSA continúe creciendo, profesionalizándose y liderando la transformación del transporte público, sin perder nunca la esencia familiar y el compromiso con quienes construyeron esta empresa durante casi nueve décadas. Tenemos la responsabilidad de honrar ese legado y dejar una organización aún más fuerte para las próximas generaciones.


